Tan cerca y tan lejos
Caminar por el Chorro de Quevedo es uno de los recorridos que hago a diario con el fin de llegar a la Universidad, sin embargo luego de entender por fin que mi fuente era nada más y nada menos que mi queridísimo candidato presidencial Carlos Gaviria, comprendí que si no le metía las mismas ganas por las cuales quiero que gane, jamás iba a por lo menos verlo de lejos.
Decidí entrar a la sede ubicada cerca del Chorro, y me encontré con un simpático hombre: Javier Mora, él
muy amablemente me invitó a pasar pidió mis datos y me dijo que si lo que yo quería era conocer a Carlos Gaviria, él podría ayudarme a subir a la tarima en el evento del día 17 de mayo en la cuál habría un concierto en el parque de los periodistas. Accedí, sin embargo, él me dijo que si yo volvía a pasar por la sede, me daría algún tipo de escarapela para que yo pareciera del equipo. Además me dio su número celular.
A veces me pregunto por qué los hombres no pueden disimular cuando coquean con una mujer, ¿Lo creen a uno bobo?. Pues sí, era obvio que “Don Javier” era muy amable conmigo, pero bueno, con tal de no ser grosera, sólo me limité a sonreír y decirle, gracias.
El miércoles por la mañana, día del dichoso evento llamé a don Javier, al oír mi nombre no dudó en saludarme cariñosamente con un “hola preciosa” , sólo me reí, pero luego pensé en lo hipócrita que uno debe ser con tal de conseguir lo que se quiere, en ese momento me dijo que por qué no iba a la sede que él me tenía una sorpresita y me recordó que él era muy joven como para que yo le dijera DON.
Obviamente no fui sola, David (mi novio), me acompañó, cuando llegué, le agradecí por la sorpresa, una camiseta y una gorra con el logotipo del POLO, intuí que esa camiseta (obvio, con esa gorra me vería horrible y no me la iba a poner) me iba ayudar muchísimo.
Era de esperarse que todo comenzaría a ponerse en mi contra, (creo que siempre que uno quiere algo, las cosas no suelen darse) mi única compañía (ya sé que saben) David, tenía clase más o menos hasta las siete y media de la noche, tendría que ir sola y además exponerme con dos cámaras. Pero siempre lo he dicho la vida me da sorpresas, y mi tía ( más amante de Carlos Gaviria que yo) aprovecharía para verlo, la llamé y claro, aceptó acompañarme. Tomé un taxi y bajé a las Aguas, allí ella me estaba esperando y la voz de una mujer que ya había conocido antes captó mi atención, sólo podía escucharla, pues estaba muy lejos de la tarima, pero aquella voz había “animado” el entierro de Óscar Salas, una mujer desubicada que sólo hablaba en contra de Uribe.
Me acerqué un poco a la tarima, y vi que todas las entradas estaban bloqueadas, no me quedaría más que ver a Gaviria desde una gran distancia, pero ¡hey Cami! ¿Acaso el adorable Javi, no te había dado una camiseta amarilla? Con todo y pena me la puse (la gorra la colgué en mi bolso), sólo me acerqué a la entrada, me dijeron: ¿Campaña? yo les dije : sí, casi no llego, así de fácil entré, y mi tía también.
Carlos Gaviria llegó casi a las siete de la noche, la gente lo recibió con muchos aplausos, ¡yo estaba tan cerca!, sin embargo no pude decirle nada, pues eran tantos los periodistas que querían hablar con él y muchas las personas que lo rodeaban que sus gigantes guardaespaldas lo subieron inmediatamente a la tarima, corrí, y quedé justo delante de él, sólo que debajo de la plataforma.
¡Uribe paraco, el pueblo está berraco! ¡U A Gaviria va a ganar, U A Uribe ya se va!. Las personas gritaban, recordé aquellos cantos que acompañaban la marcha por Óscar Salas, Gaviria se reía y movía su mano de un lado a otro, de pronto alguien le pasó el micrófono, y de inmediato la muchedumbre se enloqueció, esperaban con ansias las palabras de su líder.
Estaba realmente cansada, los brazos me dolían tanto que no hallaba la hora de que aquel hombre dejara de hablar, pero en ese momento algo iluminó mi mente, si había podido entrar al lugar en el cual me encontraba ¿por qué no podría subirme a la tarima? No encontré ningún obstáculo y en el siguiente segundo ya estaba parada junto a Carlos Gaviria.
¡Tan cerca y no poder preguntarle nada! Mientras muchos de sus colegas se dirigían al pueblo, Gaviria sólo se limitaba a sonreír y batir sus manos, pero yo estaba tan cerca que casi pegué la cámara a sus cara y él volteó a mirarme, no sabía qué decirle, me cogió fuera de base, (además los que me conocen saben de la admiración que le profeso), se me estaba cumpliendo un sueño y la única babosada que salió de mi boca fue: ¡¡¡¡¡¡¡PROFESOR!!!!!!!!!.... me sonrió, de inmediato me abrazó y apretó mi cara muy fuerte sobre su pecho.
En ese momento creí que sería el momento de decirle algo, pero nada se me ocurrió, recordé que hacía un tiempo había descubierto que el profesor John Gutiérrez lo conocía, así que en vista que nada más se me ocurriría en aquel momento dónde la adrenalina corría por mis venas, le dije: ¡soy alumna de John Gutiérrez. Es este momento creo que no fui muy clara y que además el ruido que hacía la gente no me ayudó de nada, pues él, con su carita de papá Noél me miró y me dijo: Ay, la hija, y me abrazó de nuevo. ¿LA HIJA? (ojalá yo tuviera algo que ver con el profe) , pero no, así que sólo le repetí, noooooo, alumna, y él dijo: ahhhh la hija, ahorita hablamos.
De inmediato la “melodiosa” voz de uno de los guardaespaldas, me dijo: ¿ya terminó de grabar? Córrase que ya nos vamos. Obedecí y volteé a mirar a mi tía, casi me olvido de ella, tenía una cara indescriptible, como de ponqué, sólo decía que ella no había hecho una cosa así desde que estaba en la Universidad, que en el momento en que la subí a la tarima había tocado a Gaviria, creo que de inmediato pensé que tal vez la misma cara de boba que tenía ella, se dibujaba en la mía.
Comencé a bajar de la tarima, y logré captar el momento en el que Gaviria se subía a su camioneta y se alejaba de la muchedumbre, de pronto vislumbré a otros políticos que como Venus Albeiro Silba estaban hablando con la gente, intenté acercarme para entrevistarlos, y en ese momento una lucecita anunció que la batería estaba descargada, así que sólo me alejé y vislumbré una sombra que se acercaba, era David que lo primero que me dijo fue: acabo de salir de clase ¿a qué hora llega Gaviria?
Decidí entrar a la sede ubicada cerca del Chorro, y me encontré con un simpático hombre: Javier Mora, él
muy amablemente me invitó a pasar pidió mis datos y me dijo que si lo que yo quería era conocer a Carlos Gaviria, él podría ayudarme a subir a la tarima en el evento del día 17 de mayo en la cuál habría un concierto en el parque de los periodistas. Accedí, sin embargo, él me dijo que si yo volvía a pasar por la sede, me daría algún tipo de escarapela para que yo pareciera del equipo. Además me dio su número celular.A veces me pregunto por qué los hombres no pueden disimular cuando coquean con una mujer, ¿Lo creen a uno bobo?. Pues sí, era obvio que “Don Javier” era muy amable conmigo, pero bueno, con tal de no ser grosera, sólo me limité a sonreír y decirle, gracias.
El miércoles por la mañana, día del dichoso evento llamé a don Javier, al oír mi nombre no dudó en saludarme cariñosamente con un “hola preciosa” , sólo me reí, pero luego pensé en lo hipócrita que uno debe ser con tal de conseguir lo que se quiere, en ese momento me dijo que por qué no iba a la sede que él me tenía una sorpresita y me recordó que él era muy joven como para que yo le dijera DON.
Obviamente no fui sola, David (mi novio), me acompañó, cuando llegué, le agradecí por la sorpresa, una camiseta y una gorra con el logotipo del POLO, intuí que esa camiseta (obvio, con esa gorra me vería horrible y no me la iba a poner) me iba ayudar muchísimo.
Era de esperarse que todo comenzaría a ponerse en mi contra, (creo que siempre que uno quiere algo, las cosas no suelen darse) mi única compañía (ya sé que saben) David, tenía clase más o menos hasta las siete y media de la noche, tendría que ir sola y además exponerme con dos cámaras. Pero siempre lo he dicho la vida me da sorpresas, y mi tía ( más amante de Carlos Gaviria que yo) aprovecharía para verlo, la llamé y claro, aceptó acompañarme. Tomé un taxi y bajé a las Aguas, allí ella me estaba esperando y la voz de una mujer que ya había conocido antes captó mi atención, sólo podía escucharla, pues estaba muy lejos de la tarima, pero aquella voz había “animado” el entierro de Óscar Salas, una mujer desubicada que sólo hablaba en contra de Uribe.
Me acerqué un poco a la tarima, y vi que todas las entradas estaban bloqueadas, no me quedaría más que ver a Gaviria desde una gran distancia, pero ¡hey Cami! ¿Acaso el adorable Javi, no te había dado una camiseta amarilla? Con todo y pena me la puse (la gorra la colgué en mi bolso), sólo me acerqué a la entrada, me dijeron: ¿Campaña? yo les dije : sí, casi no llego, así de fácil entré, y mi tía también.
Carlos Gaviria llegó casi a las siete de la noche, la gente lo recibió con muchos aplausos, ¡yo estaba tan cerca!, sin embargo no pude decirle nada, pues eran tantos los periodistas que querían hablar con él y muchas las personas que lo rodeaban que sus gigantes guardaespaldas lo subieron inmediatamente a la tarima, corrí, y quedé justo delante de él, sólo que debajo de la plataforma.
¡Uribe paraco, el pueblo está berraco! ¡U A Gaviria va a ganar, U A Uribe ya se va!. Las personas gritaban, recordé aquellos cantos que acompañaban la marcha por Óscar Salas, Gaviria se reía y movía su mano de un lado a otro, de pronto alguien le pasó el micrófono, y de inmediato la muchedumbre se enloqueció, esperaban con ansias las palabras de su líder.
Estaba realmente cansada, los brazos me dolían tanto que no hallaba la hora de que aquel hombre dejara de hablar, pero en ese momento algo iluminó mi mente, si había podido entrar al lugar en el cual me encontraba ¿por qué no podría subirme a la tarima? No encontré ningún obstáculo y en el siguiente segundo ya estaba parada junto a Carlos Gaviria.
¡Tan cerca y no poder preguntarle nada! Mientras muchos de sus colegas se dirigían al pueblo, Gaviria sólo se limitaba a sonreír y batir sus manos, pero yo estaba tan cerca que casi pegué la cámara a sus cara y él volteó a mirarme, no sabía qué decirle, me cogió fuera de base, (además los que me conocen saben de la admiración que le profeso), se me estaba cumpliendo un sueño y la única babosada que salió de mi boca fue: ¡¡¡¡¡¡¡PROFESOR!!!!!!!!!.... me sonrió, de inmediato me abrazó y apretó mi cara muy fuerte sobre su pecho.
En ese momento creí que sería el momento de decirle algo, pero nada se me ocurrió, recordé que hacía un tiempo había descubierto que el profesor John Gutiérrez lo conocía, así que en vista que nada más se me ocurriría en aquel momento dónde la adrenalina corría por mis venas, le dije: ¡soy alumna de John Gutiérrez. Es este momento creo que no fui muy clara y que además el ruido que hacía la gente no me ayudó de nada, pues él, con su carita de papá Noél me miró y me dijo: Ay, la hija, y me abrazó de nuevo. ¿LA HIJA? (ojalá yo tuviera algo que ver con el profe) , pero no, así que sólo le repetí, noooooo, alumna, y él dijo: ahhhh la hija, ahorita hablamos.
De inmediato la “melodiosa” voz de uno de los guardaespaldas, me dijo: ¿ya terminó de grabar? Córrase que ya nos vamos. Obedecí y volteé a mirar a mi tía, casi me olvido de ella, tenía una cara indescriptible, como de ponqué, sólo decía que ella no había hecho una cosa así desde que estaba en la Universidad, que en el momento en que la subí a la tarima había tocado a Gaviria, creo que de inmediato pensé que tal vez la misma cara de boba que tenía ella, se dibujaba en la mía.
Comencé a bajar de la tarima, y logré captar el momento en el que Gaviria se subía a su camioneta y se alejaba de la muchedumbre, de pronto vislumbré a otros políticos que como Venus Albeiro Silba estaban hablando con la gente, intenté acercarme para entrevistarlos, y en ese momento una lucecita anunció que la batería estaba descargada, así que sólo me alejé y vislumbré una sombra que se acercaba, era David que lo primero que me dijo fue: acabo de salir de clase ¿a qué hora llega Gaviria?


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